Pinzas quirúrgicas: guía definitiva sobre cada tipo
Las pinzas quirúrgicas son herramientas básicas en cualquier tipo de procedimiento médico, desde intervenciones menores hasta operaciones de gran complejidad. Conocer cada uno de los tipos existentes en el mercado actual supone una ventaja superior para poder garantizar el éxito de cualquier cirugía. En este artículo, ahondaremos en los distintos tipos de pinzas quirúrgicas y recordaremos los beneficios que ofrecen cada una de ellas y las indicaciones que deben seguirse para emplearlas.
Las pinzas quirúrgicas, el primer contacto con el paciente
En el quirófano, las pinzas quirúrgicas son algo más que simples instrumentos con los que operar. Para los profesionales de la cirugía, las pinzas son apéndices útiles que sustituyen a las manos en procesos en los que se requiere precisión, permitiendo sostener, retirar o retraer toda clase de pliegue tisular o cuerpo extraño.
Las pinzas quirúrgicas suelen fabricarse con acero inoxidable de grado médico y acabado mate para evitar deslumbramientos en la sala de operaciones. Este material garantiza, además, que su reprocesado y esterilización posteriores no comprometen su integridad, pudiendo reutilizarse de manera indefinida sin perder calidad. Sin embargo, pueden encontrarse pinzas fabricadas con otros materiales, como por ejemplo:
- Titanio: muy apreciado en campos como la microcirugía o la neurocirugía por su extrema ligereza y su resistencia a la corrosión. Es un metal no magnético y conduce el calor en menor medida respecto al acero, por lo que puede resultar una opción muy útil en intervenciones de larga duración o en operaciones que deban realizarse junto a fuentes de calor
- Carburo de tungsteno: suele emplearse únicamente para reforzar las zonas de agarre y no se utiliza para fabricar la pinza en su totalidad. Su uso confiere una mayor dureza y resistencia a la pinza y mejora su capacidad de sujeción, evitando deslizamientos accidentales durante el procedimiento y optimizando su resistencia frente al desgaste derivado del uso continuado. Es un material muy codiciado en procedimientos que requieran de una precisión superior y usualmente se reserva a portaagujas, pinzas de disección e instrumentos de sujeción.
- Plásticos y derivados: se emplean únicamente para la producción de pinzas desechables para kits de curas, procedimientos ambulatorios sencillos e intervenciones menores. Son las más económicas en todos los sentidos, pues cuentan con un coste de fabricación menor y no es necesario reprocesarlas tras su utilización. Sin embargo, son menos resistentes y precisas, por lo que solo se emplean en casos puntuales y en procedimientos superficiales.
Tipos de pinzas quirúrgicas
Más allá del material con el que se producen, la principal diferencia entre los distintos tipos de pinza quirúrgica radica en su forma, su mecanismo de cierre y su función. Se establecen tres clasificaciones: según su mandíbula, según su tipo de cierre y según su diseño generalizado.
Tipos de pinza según su mandíbula
La mandíbula es la parte de la pinza quirúrgica en la que ambos extremos se unen para sostener un objeto o pliegue de tejido. Pueden ser lisas, curvas o anguladas, según la zona a intervenir, y pueden contar con una superficie lisa, estriada o reforzada con dientes:
- Pinzas de punta estriada: uno de los subtipos más comunes en cirugía. Resultan muy útiles porque ofrecen una adhesión superior a los tejidos, de modo que son perfectas para retraer pliegues de piel o sellar temporalmente vasos sanguíneos. Suelen ser las puntas empleadas en la fabricación de pinzas hemostáticas y, aunque ofrecen una sujeción óptima, también pueden acabar dañando el tejido, por lo que no son recomendables para intervenciones delicadas.
- Pinzas de punta lisa: son las más atraumáticas, de modo que su uso no expone a riesgos de perforación o desgarro a los tejidos. Son el modelo idóneo para cuando deban manipularse tejidos sensibles o cuando se deban colocar gasas u otros apósitos sobre las heridas. Sin embargo, ofrecen un agarre menor respecto a otros modelos y pueden suceder deslizamientos durante su uso si se emplean para sostener órganos o tejidos húmedos.
- Pinzas de punta dentada: las pinzas con dientes presentan un mecanismo en la mandíbula con varios salientes agudos que quedan encajados al aplicar presión. Pese a su naturaleza traumática, son ampliamente utilizadas en intervenciones en las que no haya tejidos delicados implicados, como en cirugías cutáneas, musculares o tendinosas. Están completamente contraindicadas en casos en los que se deban operar órganos internos o en los que haya implicados vasos sanguíneos o tejidos sensibles.
Más allá de esta clasificación, existe un cuarto subtipo que puede ir combinado con el resto de clases. Se trata de las mandíbulas fenestradas, que incorporan una pequeña abertura en la punta para aumentar la superficie de contacto y distribuir la presión de manera óptima. De esta forma, se evita comprimir excesivamente la zona de agarre, minimizando los riesgos de lesión durante la intervención; por sus prestaciones, suelen ser muy empleadas para órganos y masas tisulares sensibles.
Tipos de pinza según su cierre
El cierre es un mecanismo que incorporan algunos modelos para mantener unidas las mandíbulas sin necesidad de aplicar presión constante. Esto supone una ventaja excelente en operaciones en las que deban emplearse múltiples instrumentos de forma continua y en intervenciones de larga duración. Según el tipo de cierre, las pinzas se dividen en:
- Pinzas con muelle: incorporan un resorte metálico que mantiene las mandíbulas unidas si no se aplica presión de forma activa. Pese a que es un sistema efectivo, no resulta tan cómodo como otros cierres, por lo que suele reservarse a pinzas hemostáticas tipo clamp-bulldog.
- Pinzas con cierre de cremallera: otramente llamadas pinzas con cierre de carraca o trinquete, presentan una serie de dientes en la base que, al encajarse, permiten mantener las mandíbulas cerradas en varias posiciones determinadas. Para desbloquearlas, basta con desplazar lateralmente las anillas de la base en direcciones opuestas. Es un mecanismo muy común en pinzas hemostáticas y portaagujas.
- Pinzas con bloqueo: similares las que disponen de sistema de cremallera, las pinzas con bloqueo presentan un único paso de cierre que las mantiene prensadas sin necesidad de aplicar fuerza constante. Son muy útiles en situaciones en las que se requiere una presión fija y concreta; el caso más conocido es el de las pinzas que se usan para comprimir el cordón umbilical.
- Pinzas con cierre de tornillo: incluyen un tornillo en el mango que puede ajustarse según el fragmento de tejido que se esté sosteniendo. Ofrecen una sujeción óptima, confiable y duradera; sin embargo, su manipulación es menos cómoda y práctica.
Tipos de pinza según su función
La forma, el mecanismo de accionado y el diseño de la punta de una pinza quirúrgica están directamente correlacionados con su funcionalidad y con el tipo de procedimiento que se deba realizar. Entre los distintos tipos de pinza que existen según su uso, se encuentran:
- Pinzas de disección: tal y como indica su nombre, se utilizan para sostener y retraer pliegues de tejido durante los procedimientos de disección. Pueden contener dientes o disponer de una superficie estriada, dependiendo del tipo de masa tisular que deba ser sujetada. El modelo más común son las pinzas Adson, caracterizadas por presentar un tamaño reducido y unas puntas finas para poder operar con mayor precisión y practicidad en campos operatorios de menor medida.
- Pinzas de campo: se emplean para colocar y fijar los paños o campos estériles alrededor de la zona de intervención. Pueden contar con puntas agudas o esféricas, en función de la necesidad de sujeción que se requiera para la intervención. En muchos casos, pueden incorporar muelles o sistema de carraca para mantenerse ocluidas sin necesidad de aplicar presión constante, facilitando la operación.
- Portaagujas: se emplean para sostener las agujas de sutura durante procedimientos de cosido de heridas. Suelen incorporar cierres de carraca y puntas estriadas para facilitar la sujeción de la aguja y hacer el proceso más sencillo.
- Pinzas de relojero: llamadas así porque se usaban en la reparación y producción de relojes, las pinzas de relojero disponen de puntas excepcionalmente finas y de cuerpos extremadamente delgados y ligeros. Esta combinación de características hace que sean idóneas para la manipulación de fragmentos de tejido delicado, la remoción de objetos extraños de tamaño reducido y el injerto de fibras capilares.
- Pinzas hemostáticas: se utilizan para detener hemorragias momentáneas durante la cirugía sellando los vasos sanguíneos. Suelen presentar unas mandíbulas de mayor longitud con superficies estriadas para garantizar un cierre excepcionalmente hermético y disponen de un sistema de carraca para asegurar que se mantienen en posición sin necesidad de aplicar presión constante. Las más comunes y conocidas son las pinzas Kocher y las pinzas Kelly.
- Pinzas para espinas: otramente llamadas pinzas para astillas, se emplean para la remoción de objetos extraños que se hayan clavado en la piel o se hayan introducido en alguna cavidad corporal. Aspectualmente, suelen parecerse a las pinzas de disección, aunque disponen de mayor longitud para poder acceder a lugares angostos. Su forma y diseño pueden variar ligeramente en función del fabricante, pero casi todas incluyen mandíbulas estriadas para garantizar una adhesión óptima a los cuerpos extraños.
- Pinzas para pólipos: suelen constar de dos mandíbulas estriadas y fenestradas para poder sostener masas tisulares con mayor sencillez. Tal y como indica su nombre, se emplean en procedimientos de cirugía para facilitar la resección de pólipos, quistes, masas cancerosas o lesiones hiperplásicas.

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