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Tipos de gasas médicas

Actualizado: 20/05/2026
Tipos de gasas médicas

Las gasas son un material indispensable en las rutinas de trabajo de los profesionales sanitarios. Su diseño y composición versátil hacen que sean aptas para un amplio abanico de situaciones, desde la protección de heridas para evitar que la piel entre en contacto con patógenos hasta la inmovilización de una zona concreta en caso de lesión. En este artículo, conoceremos los distintos tipos de gasa que se pueden encontrar en el mercado actual y las aplicaciones más comunes para cada uno de ellos. 

Las gasas, un recurso fundamental en medicina

Las gasas son compresas de tejido indicadas para múltiples fines, aunque suelen ser muy utilizadas para la limpieza de heridas y la cobertura de lesiones. Pese a que tradicionalmente se han elaborado con hilos entramados en forma de rejilla y se han suministrado plegadas, los avances en tecnología han permitido crear otros tipos de composición a partir de nuevas fibras, ampliando vastamente el repertorio de opciones. En función de los materiales empleados durante su fabricación y su diseño, las gasas presentan unas propiedades concretas y suelen responder a una finalidad determinada.

Para qué se utilizan las gasas

Los usos más comunes de las gasas en medicina incluyen:

  • Tratamiento de hemorragias: las gasas permiten detener hemorragias leves y medias si se aplica presión con ellas directamente sobre la herida, fomentando la coagulación del flujo sanguíneo.
  • Absorción de exudados y secreciones: debido a su alta capacidad de absorción, las gasas resultan perfectas para limpiar las secreciones y el exudado de una lesión, evitando que fenómenos como la supuración supongan un problema grave.
  • Cobertura de lesiones: las gasas sirven como barrera física para resguardar las heridas, evitando que se produzcan rozaduras entre la piel y otros elementos externos. Asimismo, evitan la contaminación cruzada entre superficies, previniendo que se transmitan patógenos en ambas direcciones.
  • Inmovilización muscular: las gasas suministradas en rollo pueden emplearse para recubrir ciertas zonas del cuerpo con el fin de inmovilizarlas y coadyuvar su rehabilitación tras una lesión. 
  • Mantenimiento de la temperatura: al actuar como barrera física, las gasas también pueden servir como aislamiento térmico de las lesiones, manteniendo el calor en la herida y acelerando proceso de cicatrización.
  • Desinfección superficial: las gasas pueden emplearse como soporte para la aplicación de desinfectantes y soluciones de limpieza superficial, como el suero fisiológico. Por ello, se emplean a menudo para aplicar antisépticos antes de una punción. 

¿Qué tipos de gasa existen?

La principal diferencia entre los distintos tipos de gasa reside en su composición, su forma y la manera con la que se elaboran. De esta manera, se establece una diferenciación entre gasas de algodón convencionales, gasas de tejido sin tejer (TST), gasas radiopacas (gasas RX) o torundas.



Gasas de algodón

Tal y como indica su nombre, están fabricadas con hilos a base de algodón natural y pueden adquirirse tanto estériles como sin esterilizar. Se confeccionan con un entramado de hilos en forma de rejilla y suelen venir plegadas sobre sí mismas. No gozan de una gran capacidad de absorción, pero son muy útiles para limpiezas superficiales, procedimientos de hemostasis, aplicaciones de medicinas tópicas en heridas menores e inmovilizaciones musculares. También se emplean en procedimientos en los que se requiera rellenar cavidades corporales y, aunque es una práctica en recesión, se utilizan en operaciones de desbridamiento mecánico.

Como norma general, cuantos más hilos y más pliegues posea la gasa, mayor será su poder de absorción, de modo que es importante tener en cuenta su composición a la hora de escoger una. Por otro lado, es fundamental contemplar que el algodón es una fibra que libera residuos, por lo que no se recomienda su uso en postoperatorios. Al desprender fibras y adherirse a los tejidos, puede intervenir con el proceso de cicatrización y acabar ralentizándolo, de modo que tampoco están indicadas para el tratamiento de heridas de tipo 2 y 3. 

Gasas de tejido sin tejer

Las gasas de tejido sin tejer (TST o TNT) están constituidas por un conglomerado prensado que ofrece una absorción excepcional. Suelen estar compuestas de materiales como el rayón, el poliéster, la viscosa o una mezcla de todos ellos. Son notablemente más resistentes y de mayor volumen y desprenden menos fibras que las compresas tejidas; sin embargo, tienen un precio más elevado que estas.

Debido a la suavidad y la elasticidad de sus componentes y a su capacidad para no desprender fibras, las compresas sin tejer son idóneas para controlar heridas de moderada exudación y para tratar lesiones de tipo 2 y 3. Por otro lado, son completamente seguras para la protección postoperatoria y gracias a su textura acolchada pueden emplearse en zonas sensibles para amortiguarlas de golpes.

Aun así, también presentan ciertas desventajas. Su baja adherencia puede hacer que sean difíciles de manipular si no se dispone de pinzas y aunque son seguras para la protección de heridas, no se pueden utilizar en el relleno de cavidades porque con el tiempo acaban descomponiéndose completamente.




Torundas de gasa

Este formato se caracteriza por poseer una forma esférica producto de haber plegado sobre ella misma una gasa de algodón. Esto garantiza que no haya hilos sueltos que puedan adherirse a la herida y acabar contaminándola, por lo que son una alternativa fiable a las gasas de algodón convencional. Sin embargo, no poseen una capacidad de absorción tan alta como las de tejido sin tejer, de modo que no se recomiendan para exudados de gran volumen. Suelen emplearse en la limpieza de heridas y en la desinfección de lesiones de pequeño calibre.




Gasas de hilo radiopaco (gasas RX)

La diferencia en esta tipología de gasas no radica tanto en su composición, sino en su diseño. A diferencia del resto de modelos, las gasas de hilo RX poseen una tira de fibra radiopaca que produce un contraste de color al realizar una radiografía. Esto resulta especialmente útil en casos de cirugía interna porque permite detectar gasas que hayan sido olvidadas accidentalmente, previniendo así contaminaciones y complicaciones tras la intervención




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